El Blog de los Sanfermines — Tus cinco minutos de San Fermín al día

X Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

7 de septiembre de 2018 por Certamen Microrrelatos San Fermín

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¿TE ACUERDAS?

Mª Teresa Romeu Arcon

El viejo Reo de mi papá renqueaba subiendo la cuesta de la espelagaña.
Un cuarto de hora después, mi papá aparcaba el camión en la calle Gorriti.
Yo, a mis ocho años, la más pequeña de cuatro hermanos, salté de la cabina para dejar bajar al papá, quien rápidamente fue a abrir la puerta de la derecha a mi tía, a mi madre y a uno de mis hermanos.
Me esperaba la gloria. Estaba en la gloria. Iba a comer y dormir en casa de mis tíos. Papá era más mío que el resto del año.
Me llevaste a la procesión de S. Fermín, a los gigantes, corriste conmigo los Kilikis.
-¿Te acuerdas papá? Llegamos tarde a comer. Cuando mamá preguntó enfadada, tú me guiñaste un ojo y contestaste. –No nos dejaba pasar el gentío- Pero ocultaste el helado que comimos
Después montaría en los auticos de choque contigo, conduciendo yo. Bailaría cogida de tu mano. Vería los fuegos de la Plaza del Castillo
¡Cuánto te quería!
Antes de volver a nuestra casa aún tuviste tiempo para traerme churros de la Mañueta.
¿Fuiste a ver el encierro o a correr? Quién sabe. No querías testigos.
Cuando volviste te estaba esperando ¿Te acuerdas?
 

ALIUD PRO ALIO

Jokin Berruete Cilveti

Ordua heldu da. Barquilleros kaleko gordelekutik merkantzia entregatzeko hitzartutako lekura abiatzen ari gara. Serapio, Calceteros kalekoa, nirekin dator. Tipi-tapa ibiltzen ari gara. Iritsi gara.

Hor dago, nire zain, geldi, ezer esan gabe, kliskatu gabe… Ikusten ari naizena egiazkoa da. Ez da itxurazko errege bat, ez. Benetako errege bat da, bere urrezko koroarekin, bere ezpatarekin, bere zetroarekin…Eta erregea izateaz gain, erraldoia da. Egundoko eskuak ditu. Dena handia du. Tinko begiratzen diot. Begitarte iluna jartzen dit. Hitzak soberan daude. Joshemiguelerico eta biok dakigu zertara etorri garen. Txupetea eman? Bai zera! Nire eskuineko poltsikotik kaskabilorik gabeko txintxirrin zahar eta distiratsu bat ateratzen dut eta ematen diot. Txupetea ezkerrekoan dago. Txupetea nirea da, ez beste inorena. Berak nire txupetea nahi badu, jai dauka. Joshemiguelericori ziria sartu diot eta ez da ezertaz jabetu. Edo bost axola dio horrek. Dantzatzen hasi da!

Serapiok irribarrez begiratzen dit. Nire aitona gaizkidea da, Nire eskarien aurrean askotan ematen du amore. Haren iritziz, kasu hauetan zentzuzkoena da isilik egotea.

Uztailaren 14a da. Arratsaldeko hirurak. Eguzki galdatan, eta gaita, txistu eta danbolinaren airean, gure gordelekura itzultzen ari gara. Ni, txupetea ahoan. 

SONABAN LAS DIANAS

Mila Martinez Jaurrieta

Sonaban las dianas cuando empujábamos la puerta con el peso de nuestros abrazos. Una cuadrilla cantaba mientras, una a otra nos quitábamos la camiseta, ayer blanca. Te tendía en la cama, de lado, al escucharse el primer cohete desde Santo Domingo. Y no habíamos hecho sino empezar a rozar nuestra piel cuando retumba el fin del encierro. Desde la churrería nos suben los efluvios de la masa frita que se me funde con el aroma de tu sexo. El tambor de gaita redobla al son de kalejira mientras nuestras caderas bailan sobre la sábana. La trompeta de la charanga afina cuando tus dedos acarician mi muslo. Se oye el barullo de la comparsa tras nuestros jadeos de placer. Oiremos subir a las peñas hacia Estafeta sin dejar de tocarnos. Y al atronar los fuegos nocturnos, seguiremos besando nuestros cuerpos sudados, hambrientos, ahogados de amor.  


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X Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

6 de septiembre de 2018 por Certamen Microrrelatos San Fermín

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DOS POR ASTA DE TORO, SIETE CONTUSIONADOS Y UN DESMAYO

Jose A. Gago Martín

Yo sólo estuve un año. No le niego que aquello es una fiesta, un ambiente incomparable. Tanto jolgorio, tanta camiseta blanca, los pañuelos rojos. Teníamos ganas de ir, pero unos años el trabajo, otros el dinero,… Y estábamos acostumbrados a correr delante de morlacos de casi mil kilos; quizá exagero, de bichos de más de quinientos. eramos de cerca de Cuéllar, lo habíamos mamado. Así que aquel año por fin fuimos: una furgoneta, unas colchonetas y camino de Pamplona. Llegamos por la tarde y nos acercamos a ver el recorrido. Jesús no hacía más que repetir: en la tele se ve más grande, esto es estrecho y peligroso. Tenía razón, las calles, la curva, las talanqueras,… impresiona un poco.
Tratamos de descansar y a primera hora ya estábamos dispuestos. Acabaron de sacar borrachos y allí estábamos, a cien metros del corral, preparados para correr. Yo miraba a Jesús que estaba pálido y tragaba saliva. Entonces me acometió como una angustia, una taquicardia tremenda y, por algo que me habría sentado mal, un terrible dolor de tripas. Cuando sonó el chupinazo me caí redondo como si me hubieran pegado un tiro. Jesús de vez en cuando me recuerda el parte médico. 

SAN FERMIN, FIESTA, AND HOW A FIREWATER WAS INVENTED

Tim Pinks

Patxaran was first recorded in 1415, under controversial circumstances. Back then The Fiesta of San Fermin was held in October, and it was cold. Regarding patxaran, Church Records state this:
The accused, Fransisco Innocente, was brought before the Ecclesiastical Court. His crime? Being drunk on an unknown liquid during The Procession. His defence? It was freezing, he was ill, and that his new drink, although being a poison, (getting you drunk and giving you a headache) was also a medicine, (making you feel warm, healthy, and happy.)
The judges didn’t believe him, but he convinced them to try a tankard of the stuff. And another. And another. Soon they were telling him they loved him, and that he was their best friend. Then they fell asleep.
Knowing he’d be in big trouble when they wakened, tired, hungover, and drunk on duty, he bribed the guard and fled back to fiesta.
When the officials finally awoke and realised the suspect had gone, they asked the guard what had happened to señor Innocente. And this is how the drink got its name, as the guard, using the Basque version of Fransisco, said, ‘’Oh him? Well, Patxi ran.’’
 

EL GIGANTE QUE HABLA

Mentxu Guerendiain Narváez

Se oían las gaitas en la calle Mayor y aceleramos el paso. Mis hijos iban felices y yo como ellos emocionada con mucha ilusión con ganas de ver los Gigantes. Mi hijo pequeño agarraba con fuerza a Toco-Toco su gigante de goma y al ver a los Gigantes gritó de emoción. La calle estaba llena de gente, personas de todas las edades, personas que todos los días de la fiesta acudían a ver la comparsa. Los niños corrían delante de los Kilikis y sus gritos se confundían con las gaitas. Los abuelos con sus nietos y los padres con sus hijos disfrutaban todos en familia de la buena mañana .Con tanto gentío mi hijo pequeño desapareció y yo angustiada calle abajo y calle arriba le busqué por todos los rincones. Yo buscaba un niño vestido de blanco con un pañuelo rojo… ¡¡Que ilusa!! Desesperada y angustiada me paré en una esquina y Toco-Toco me llamó : ¡estoy aquí ama! 


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X Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

5 de septiembre de 2018 por Certamen Microrrelatos San Fermín

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” NUESTRO MOMENTICO”

Elma Saiz Delgado

Había prometido a mi padre que llegaría a tiempo para ver juntos el encierro.
Desde que falleció mamá, era una de las pocas cosas que le gustaba hacer y aunque permaneciera en silencio durante los 875 metros, un brillo en su mirada, dejaba al descubierto sus recuerdos.

Esa mañana, el tiempo se me estaba echando encima y aceleré el paso para poder llevarle churros de la Mañueta.
Sabía que haría una mueca al verlos, poniendo como excusa su colesterol, aunque ambos sabíamos que lo que pesaba eran las pocas ganas de nada que tenía desde aquel día.
Para ser las 6.45 de un 7 de julio, la temperatura, era ya alta. De fondo se oían las Dianas.
La noche había sido larga, una calurosa noche de sábado sanferminera; yo, saliente de un turno que no había sido especialmente duro, aunque, a última hora, una torcedura de tobillo de una turista Australiana, en chancletas por la Estafeta, me había entretenido en el hospital.
Esperé a que los seis toros entraran en los corrales, esperé al parte tranquilizador de Cruz Roja y se lo dije, “” Papá, ¿ querrás acompañarme el año que viene a llevar a tu nieto a saludar a Caravinagre? Estoy embarazada”.
 

MIKHA

Francisco ángel Noreña

Acabando las fiestas de San Fermín abandoné a mi pobre madre enferma al cuidado de mis hermanas menores. Soy fea de cara, de cuerpo extraño y de costumbres anticuadas. Salí de casa cargando una valija con la ropa y sin un céntimo en el bolsillo de la falda. Y ante mí se mostró un largo y extraño camino. Tiempo ya que intento atravesar la divisoria línea fronteriza entre mi pasado y mi presente, imaginarios países de mi inexorable existencia, cuando por fin logre cruzar esta dolorosa línea seré libre.  

EL CHUPINAZO

Juan Lorenzo Collado Gómez

El corazón le late apresurado. Ya es seis de julio y en la plaza no cabe ni el aire para respirar. El calor es agobiante y Antón se pone el pañuelo rojo.
-Es una pena no disponer de un poco de vino para que esté todo completo.
Mira su ropa blanca y aprieta un poco el nudo del pañuelo con el bordado de San Fermín que será su amuleto, aunque no pueda correr mañana delante de los toros.
Entonces recuerda la oración y, mientras espera, la entona: “A San Fermín pedimos/ por ser nuestro patrón…”
El recuerdo hace que el corazón sea un explosivo emocionado que casi le impide respirar.
Son las doce y está todo preparado para el Chupinazo. Brotan las lágrimas de sus ojos. Recuerda a los amigos, las carreras, los toros, los pinchos, la peña…
El corazón explota junto con el cohete que marca el inicio de las fiestas.
La enfermera entra corriendo en la habitación, alertada por el pitido de la máquina que vigila la cardiopatía de Antón. Detrás todo un equipo de médicos y algún familiar que veían el disparo del Chupinazo fuera de la habitación para no molestar al enfermo que suponían durmiendo.
 


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X Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

4 de septiembre de 2018 por Certamen Microrrelatos San Fermín

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USOA Y LA DAMA/ DAMA ETA USOA

Mari Carmen Cerrón Barreneche

Allí estaba como siempre. -Erguida y rutilante-. Su mirada observaba a cientos de personas deambulando de forma inexplicable. Frente a ella, en la tómbola, comenzaba el trajín de cada día esperando a propios y foráneos. Tan embelesada estaba, que apenas sintió la imperceptible llegada de Usoa rozándole el hombro.
Se habían conocido meses antes, cual capricho del destino, cuando Usoa necesitó resguardarse a su lado. Desde entonces, compartían a menudo divertidas charlas cómplices, coincidiendo en futuros y anhelados deseos.
Este año sería distinto: tenía con quien asistir; había elegido a la mejor compañera para disfrutar del acontecimiento. Después de tanta espera, lograría vivir la mayor fiesta del mundo desde su privilegiado lugar.
Su corazón se aceleró como nunca: diminutas alegorías rojas en las manos se excitaban diciendo: ¡han empezado!. Esos gritos aumentaron todavía más la ansiedad por experimentar la celebración junto a su nueva amiga.
Usoa la miró de soslayo observando con deleite su expresión y le comentó que pensaba acercarse a la Plaza del Ayuntamiento para sentir la grandeza del evento.
Espera, -voy contigo-
La respuesta de Usoa resonó tan hiriente, que la cadena que había sostenido en su mano derecha desde 1903 cayó inexorable.
Lo siento amiga, “no puedes: -eres de bronce-” 

SOÑANDO DESPIERTO

álvaro Rangel ávila

Pasear rodeado por el encanto de una ciudad sobria, agradable y afable, fascinante por la multiplicación de parques y por la gran historia que guardan sus museos, hacen a Pamplona todo un mundo de fantasía y más aún, cuando se tiene el privilegio de observar al medio día el lanzamiento del chupinazo desde el balcón del ayuntamiento de la ciudad, invitando a iniciar el festejo de las famosa fiesta Sanfermines, en la que el clero, mercaderes, granjeros y lugareños evocan a su patrón San Fermín con actos religiosos, acompañado de un bullicio ferial y el espectacular encierro tradicional de seis toros de casta, donde el pueblo hace un recorrido delante de los bovinos, evento que tiene lugar durante los nueve días del festejo. Fantasear a través de esta reconocida celebración es un disfrute orgullo de la población, donde el número de turistas es diez veces al de sus habitantes. Mi último recuerdo imborrable fue al observar como con velas encendidas y a media noche del día 14 de julio, con un cantico popular El Pobre de Mí, el alcalde de Pamplona anuncia el final de las fiestas en honor de San Fermín. Son momentos vividos irremplazables y abandonados con gran nostalgia.  

SU PAÑUELO

Ainhoa Unzu Garate

Desperté. Desperté con esa amarga sensación de ver que no estaba ahí. Otra vez había elegido no quedarse conmigo. Todo un año ocupando mis pensamientos, todo un año soñando con que esta vez sería diferente… y ese momento ya había pasado. Y todo seguía igual.
Nunca he sido capaz de asumir que para él tan sólo soy parte del 6 de julio. Una pequeña locura que año tras año, como si de una tradición del programa de fiestas se tratara, siempre me encuentra en el mismo sitio y a la misma hora.
Otra vez el nudo en el estómago. Desaparece la magia. Vuelve la rabia. Me siento furiosa, utilizada y humillada, mientras me prometo a mí misma que no volverá a ocurrir.
Miro por la ventana. En la calle esa curiosa mezcla de gente, unos engalanado listos para recibir al Santo, y otros que se resisten a entender que la noche, por el momento, ya ha acabado. Me tumbo de nuevo. Recuerdos, imágenes, caricias, sensaciones, sexo… Me ahogo. He vuelto a perder el control. Él, él, él… Respiro profundo sobre su pañuelo. Huele a él. Un pañuelo que es lo único que nos unirá… hasta el siguiente 6 de julio.
 


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X Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

3 de septiembre de 2018 por Certamen Microrrelatos San Fermín

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EL TORO FELIZ

Robert Gustavo Herrera Rocha

El reloj marca las 06:06 am. En el cielo pamplonés, varios goleros coquetean con las corrientes de aire. Más arriba, grises nubes amenazan con llorar. Me uno al grupo de gente que camina en una dirección… hacia el final de la cuesta de Santo Domingo. El “encierro”, un hontanar de jolgorio y alegría. Cinco extraordinarios ejemplares de 500 kilos de músculo se lanzan a correr. Me llamó la atención particularmente un negro pinto. La lluvia empezó a caer un poco antes de la hora indicada por el hombre de la televisión. Los toros pararon, menos el pinto que seguía corriendo y saltando al tiempo que revoloteaba su cabeza saludando a la lluvia. Apenas pude esquivarlo, no así una decena de participantes que sufrió los embates algo graciosos del bovino y rodaron en medio del arroyuelo cristalino formado en la calle, ningún lesionado. Cuando el recorrido llegó a su final, decenas de banderas de papel engalanaban el ambiente folklórico: el de los 500 kilogramos de brío y músculo pinto aún seguía saltando y corriendo de un lugar a otro como invitando a algún valiente a volarse el cerco. Seguramente aquella mañana de colorido, toros y lluvia, el pinto se divirtió más que cualquiera. 

EMPIEZA EL TODO

Ana Quiroga Varela

Amanece con una sonrisa. Hoy ropa blanca, impoluta y el pañuelo en mano. La cuadrilla le espera en el bar de siempre, que ese día nunca es como siempre. Huevos con chistorra, la tradición manda. Doce menos cinco, la emoción en la piel y ese nudo en el estómago de reír y llorar con el pañuelo alzado. ¡Pum! Abrazos y besos, alegría y pañuelo al cuello. Empieza el todo. Inmerso en la magia en blanco y rojo, baila con las txarangas, esquiva gigantes y kilikis, toma un pote en Jarauta ¡o tres! El tiempo vuela y el bullicio de gente feliz y emocionada le lleva hasta San Lorenzo cantando Riau Riau. La fiesta envuelve la ciudad. ¡Llega tarde a los fuegos! Se tiñe el cielo entre colores, música y risas. La noche se acorta y pronto amanece. Se cruza con las dianas, madrugadoras como siempre. Pasa por La Mañueta, los churros que no falten. Sube rápido a casa y feliz, se asoma a su ventana, la más privilegiada de Estafeta. Ve pasar en segundos el miedo de los corredores y la furia de los titanes bravos. Se tira exhausto en la cama y sonríe. Otro 6 de julio, le ha devuelto a la vida. 

HAIZEA, EL KIOSCO, MIS PIES.

Cristina Jiménez Latorre

Estaba mareadísimo. Mi cabeza daba vueltas y más vueltas, como el indicador de presión de una olla exprés. Un fuego interno resbalaba por mi sien y sus ojos, intimidantes, se clavaban sobre los míos. Haizea, el kiosco, mis pies.

“Mantente recto— pensaba—. No te tropieces, lo estás haciendo muy bien”.

Había estado con ella la noche anterior. Los fuegos artificiales en la Ciudadela, el algodón de azúcar, la sudadera sobre sus hombros y los versos intercalados de Fermín Muguruza. Todo según lo planeado. Y Haizea: que vaya flojos este año, que no tenía frío, que aquella canción le recordaba a su ex.

Vueltas y más vueltas. Haizea, el kiosco, mis pies. Y “El Txarangas” pisándome los talones. Si hasta el mote era ridículo. ¿Y ella, qué? ¿A quién miraba?

Por fin cesó la música y el golpe seco de mi cuerpo sobre la pared resonó sin compasión. La vi acercarse con su sobrino en brazos. “La Braulia”, oí al niño justo antes de que viraran la dirección hacia él.

Permanecí agazapado en mi escondite, la olla a punto de saltar por los aires y las faldas del rey negro azotando mi cara. Suspiré profundamente y sentencié: “La última vez que te bailo, Toko-Toko”.
 


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