El Blog de los Sanfermines — Tus cinco minutos de San Fermín al día

MICRORRELATOS PRESENTADOS EN LA V EDICIÓN DEL CERTAMEN

4 de septiembre de 2013 por rajauta

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Te echo de menos

 

Te echo de menos. No soy la misma sin tener que arreglarme para ti. Tampoco sin el sentimiento acelerado que me provocabas. Esas, dicen, mariposas estomacales que vibraban en nuestra plaza, abarrotada de gente, a las doce en punto. Creo que necesito verte. Buscarte en los rincones de esta ciudad, perderme por los bares que frecuentas, detrás de los cuellos de todo el que me rodea. Te echo de menos. Lo hago cada día desde que me dejaste. Quiero sentir tu adrenalina, la que corre entre astas turbulentas que agitan mi descanso. Mi pulso. Volver a retratarte en historias de hombres que son medio gigantes. Pasear entre nosotros los capotes. Lanzarnos flores y piropos. Conseguir el mejor trofeo y vibrar en cada aliento. Te echo de menos. Tu paso imponente de camino a casa. La manera de cantarme. Mi voz desentonando nuestra balada más oportuna. Darte la mano cada noche y abrazar esas mañanas. Anhelo dejar que las horas fluyan en nuestros relojes. No enterarme de que nuestra relación tiene los días contados. Desabrocharte el pañuelo y despedirte. Te echo de menos, Fermín. Me estás haciendo sufrir desde hace meses. No sé yo si eres tan Santo.

 

Andrea  Gurbindo García

 

 

Recuerdos en mí.

 

Recuerdo que a mi mente se aferra, por donde vaya en las entrañas llevaré esta tierra, a sus gentes considero mis hermanos y hermanas, verdes y amplios parques y jardines se disfrutan desde la ventana, uniformes de blanco y rojo para la batalla; cerraré mis ojos en la lejanía para trasladar a la imaginación a aquellos días, del seis al catorce de Julio para rememorarlo toda una vida. Punto de partida de un viaje sin vuelta, sólo de ida, el chupinazo marca la salida desde la Plaza Consistorial de compartir encierros, actos religiosos, corridas de toros, ferias comerciales y sobre todo, alegrías, panacea de los males; a Hemingway encandiló, lugar cosmopolita y solidario, afecto en el ambiente se respira sin cesar, Pamplona… un hueco ha ganado en mi corazón, simplemente, me enamoró. Tanto que contar en estas ciento ochenta y cinco palabras, sin mas remedio que malgastarlas, lejos de Navarra, mi segunda casa, para volver al hogar y explicar que San Fermín no se escribe ni se lee; se vive, ¡Gora San Fermín!, (si no puedo este año a la celebración acudir: ¡pobre de mí!).

 

MIGUEL ALCAÑIZ LUCAS

 

 

La verdadera aventura de San Fermín

 

Llevaba demasiados años planeándolo y, por fin, me decidí a consumar la aventura: bajar de un salto, vestir traje blanco con faja y pañuelico rojo y escapar hacia la fiesta. Al fin y al cabo no iba a ser la primera vez que perdiera la cabeza. ¡La cabeza! ¡Qué recuerdos! Pero mejor perderla por ir al encierro que la vez primera, en Amiens. Bien disfruté con la huída: las dianas, el encierro, la ronda de jotas y la banda de música, marionetas, la corrida, el toro de fuego, los conciertos… Por fin, después de la fiesta, el regreso a escondidas: alcanzar el extremo de la calle Mayor y entrar en la Iglesia de San Lorenzo, volver a sujetarme la mitra dorada, cubrirme con la capa pluvial, agarrar fuerte el báculo y subir al relicario. ¡Vaya salto hasta arriba! Aquí no ha pasado nada. Aunque, ahora que pienso, fui obispo a los 24 años y me decapitaron a los 31, por el año 303. ¿Adónde envió mi cabeza el obispo Pedro de París en 1186? ¡Qué recuerdos! ¡Cualquiera diría que solo han pasado unos siglos…! Pero, en fin, mejor perder hoy la cabeza por ir al encierro que la vez primera, en Amiens…

 

Isabel LIzarraga Vizcarra

 

 



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MICRORRELATOS PRESENTADOS EN LA V EDICIÓN DEL CERTAMEN

3 de septiembre de 2013 por rajauta

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“El Cumpleaños”

 

Mamá me dijo que existen los finales felices, y Yo le creó… … Hoy es mi cumpleaños, mamá y papá fueron a comprar un pastel, comida y otras cosas para adornar la casa, puesto que vendrá mucha gente a felicitarme. … Aún recuerdo mi último cumpleaños, tenía 8 años, fue increíble. … Ya estoy listo, me puse un traje azul, y una corbata de rayas azules con negras. Papá trajo a sus amigos de la oficina, y mamá invito a mis compañeros de clase, y a los vecinos. … Creó que el lugar donde estoy es hermoso, aunque extraño a mis padres y amigos. … Se escuchan balazos, hay soldados y gente armada, disparando; el caos está presente, y no veo a mis padres. … Dicen las enfermeras, que mis padres están muertos y que estoy en el hospital. … Me han disparado, y me duele la pierna, además hay un olor desagradable y mucha sangre. … Estoy seguro de que pronto veré a mis padres, lo único que me preocupa son mis amigos, ya que desde que comenzó la guerra no los he vuelto a ver. … Daniel, pasó tres días en el hospital. Murió al cuarto día, con una sonrisa.

 

José Carlos  Jiménez Ramírez

 

 

LA CARRERA

 

Eran las ocho cuando voltearon las campanas de San Cernín, le siguieron dos estallidos y un alboroto de voces y canto. Me asomé, cientos de cabezas se arremolinaban junto a unas barreras, iban vestidos de blanco con un toque encarnado en el cuello. Se notaban nerviosos, ansiosos. Comenzaron a correr y pensé que sería divertido entrar en ese juego. Avanzábamos por callejuelas donde nos íbamos rozando y empujando, algunos caían y rodaban hacia unas vallas, otros simplemente se encogían y se quedaban quietos mientras los demás saltábamos por encima o le pisábamos ante la aterrorizada mirada de meros espectadores. Durante el recorrido creí reconocer, el ayuntamiento, la iglesia de Santo Domingo, el casco viejo… La calle Estafeta. Justo en esa curva, la de la Mercedes, resbalé, mi cabeza dio contra uno de los cercados, me sentí aturdido y note como unas manos me ayudaban a incorporarme y rápidamente emprendían de nuevo la carrera. Un poco tambaleante decidí continuar por orgullo y curiosidad. La recta final terminaba en un corto túnel que daba a un enorme coso de arena. Fue allí cuando vi a mi madre y mis hermanas esperándome, que con cencerros en su cuello me llamaban para entrar en casa.

 

Mª Belén Mateos galán

 

 

Primer Encierro

 

-Hola, ¿Cómo va eso? -Bueno, bien. -¿Es tu primer San Fermín? -Sí, ¿tanto se nota? (Sonríe discretamente el interpelado) -Sí, tienes la mirada. -¿Mirada? ¿Qué mirada? -Pues esa mirada de desconcierto, emoción, alegría y un puntico de miedo. -¡Yo no tengo miedo! -Quizá lo expresé mal… Inquietud sería más acertado. ¿De dónde venís? – De un pueblito andaluz. He venido con mis hermanos. Nunca había visto tantas personas juntas. ¡Hay un gentío impresionante! – Pamplona estos días es el centro del mundo y además hoy comienzan los encierros. ¿Dónde os alojáis? – Aquí, en la Rochapea. Oye, ¿es mi impresión o todo el mundo nos está mirando? – No es por nada, pero dais el cante un rato… -¿En qué, si se puede saber? – Pues…tus hermanos y tú, todos tan morenos, tan de campo, tan…bastos. – ¡Ea! ¿Todo el mundo por estos lares es tan simpático como tú? -(Se ríe) No te enfades. Observa el espectáculo: el cielo pintado de rojo por los pañuelos de los mozos. Y escucha qué bellos cánticos… -Precioso…¡Mira, están abriendo la valla! Se acerca un pastor, pero… ¿Qué demonios hace? ¡Está vareando a mis hermanos! ¡Deprisa, corred, hay que salir de aquí, vamos!

 

Jesús  Zaplana García

 

 



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MICRORRELATOS PRESENTADOS EN LA V EDICIÓN DEL CERTAMEN

2 de septiembre de 2013 por rajauta

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La duda metódica o el trapío

 

Dicen las crónicas de principios del diecinueve que los carniceros del Mercado de Santo Domingo fuimos los primeros en saltarnos los bandos que prohibían correr delante de los toros. Desde entonces, unos cuantos días al año, cuando paseo por la Estafeta, me ocurre que no sé si soy un hombre o un astado. Son ochocientos cuarenta y nueve metros de dudas y titubeos que me obligan a parar un momento en medio de la multitud y ver qué pasa. Suelo ver reflejado mi trapío en las gafas de sol de algún corredor. La mayoría de las veces me veo negro zaíno, arrogante, de testuz ancha y bamboleando un cuerpo musculoso. Otras me veo jabonero, con la pelambrera rizada y lechosa, alto de agujas, con el tronco aleonado y corniapretado. Algún día me he visto salinero, con la penca bien alta y acabada por debajo de los corvejones en una borla roja y bien poblada. Pero cuando realmente disfruto es cuando me veo colorado, encastado, con extremidades cortas, vientre recogido, morrillo poderoso y astigordo. Entonces sí que me gusto. El caso es que después de mirarme y remirarme, como he dicho, y solo para salir de dudas, me paro y espero a ver qué pasa.

 

Jose Luis Del Pozo León

 

 

Nostalgia

 

A veces pienso que está loco. Dice que esas fiestas son sagradas y que no pueden pasarse por alto, no un español de pura cepa como él. Así, desde que tengo uso de razón, lo veo encharcarse la panza con vino cada siete de julio. Dice que no compra quesos y chorizos porque están muy caros, pero siempre guarda un dinerito para el vino. Paradójicamente, a sus noventa años parece un adolescente. – ¡Ojalá vieras los encierros de toros, el chupinazo, la algarabía de la gente en Pamplona, Alinita! – me dice excitado, mirando al vacío. – Abuelo, despierta, hace ya más de cincuenta años que vives en Cuba. Aquí celebramos a duras penas la Nochebuena, el Año Nuevo, pero eso de los Sanfermines, eso nada más lo celebras tú – intento provocarlo. De pronto parece perder la alegría y un halo mustio se le adhiere al rostro. Ya no habla. Entonces me siento a su lado y compartimos los últimos vestigios del vino, que se me antoja un poco amargo.

 

Denisse Hernández Díaz

 

 

DÍA PERDIDO

 

En la amplia habitación del hotel, la claridad se colaba como saetas entre las persianas. Charles yacía entre varias botellas de licor. El móvil vibraba incesante dentro de uno de los zapatos deportivos. Un fajo de euros sostenidos por una liga envuelto en los calzoncillos. El cuerpo tatuado de Hemingway y un letrero “Pamplona is life”, totalmente desnudo excepto un desafortunado calcetín de algodón. A un lado, sobre un diván, el inmaculado traje blanco de Sanfermines, que había sido de su padre, el rojo pañuelo invicto y los zapatos negros esperando correr delante de un astado. Mediodía. A lo lejos un disparo estridente. El chupinazo. La algarabía en las calles. El cuerpo de Charles resoplando alcohol, inconsciente. La tarde cae sobre Pamplona. Las únicas cortinas que no se han abierto en todo el día son las de la habitación del gringo ebrio. El traje y los zapatos tendrán que esperar, esperar al próximo año.

 

JEAN PIERRE JESÚS BRAVO ZAPATA

 

 



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MICRORRELATOS PRESENTADOS EN LA V EDICIÓN DEL CERTAMEN

1 de septiembre de 2013 por rajauta

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Palabras para cantar la fiesta

 

En medio de un pequeño momento que nació para ser distinto, empecé a escribir esta pequeña historia, por supuesto verdadera querido lector, esta es la España de 2013, la España de la crisis, no quedan muchas bromas por hacer. Hace un tiempo que yo estaba cambiando, y salvo recursos literarios creo que en realidad casi nunca es así sin más, esta no es una excepción y al igual que la mayoría fue un proceso lento. Leí hace años: “el ser humano es un animal que vive persiguiendo metas”. Podría parecer una trivialidad pero no lo es, nos define, vivimos buscando, anhelando, tratando de alcanzar y eso ni es, ni fue, ni nunca será. Ahora trato de soñar nuevas metas, si claro, añadir, eliminarlas no, no podemos dejar de ser lo que somos, negarnos a nosotros mismos sería tan vano como absurdo. Planto y riego una por una mis nuevas ilusiones para no angustiarme, no desesperarme, no amargarme, en una palabra, para ser feliz. Ahora mismo están brotando varias: una verbena, un paseo con Irene, un beso que llene varios segundos, el próximo Txupinazo… y… funciona.

 

Juan Antonio Veiga Gontán

 

 

Menos mal que fui de Erasmus

 

Javier, mi amigo de Erasmus de Pamplona, me ha invitado a pasar unos días después de aguantarle un año entero en Holanda diciéndome que sus fiestas eran las mejores del mundo. Como si no se hiciera lo mismo en el resto de las ciudades: beber, bailar,desfasar, ligar ( o intertarlo…). Aquí estoy sentado en la plaza de toros casi recién llegado de mi Salamanca natal entre mi amigo que lleva un gorro de flores ridículo y que se ha bebido como si nada tres cubatas en media hora y un tío que me ofrece chipirones que han pasado por las manos de media plaza. Además no le entiendo, y me agarra como si me conociera de toda la vida. Vaya, alguien me ha echado bebida encima. Aquí no ve nadie el espectáculo. La charanga me acribilla los oídos y el calor es sofocante, mis surcos de sudor son cada vez más evidente aunque por eso no llamo la atención. Tengo un tío delante vestido de Spiderman que canta e imita al héroe… no había que ir de blanco y rojo? Será que soy muy serio para esto. O será que nunca me lo había pasado tan bien como ayer y tengo una resaca horrible.

 

Juan Eguaras

 

 

Vivimos

 

Esta tierra, este sol, aquella fiesta, nuestra gloria, esa mujer esplendorosa, aquel otro hombre curioso, ese cielo diáfano, las comarcas alegres, las calles pobladas, aquel que ríe sin otras razones que honrar la vida, esta muchacha combinada en ropa, gracia y donaire, una ciudad, miles de pueblos, toda una cultura, esa espera de los años entre décadas inolvidables, nuestra pasión, la forma abrasadora del optimismo, este entusiasmo sin género, los ojos atentos, los cuellos ansiosos, los bares atestados, los toros. Vivimos, Fermín, como nunca.

 

Mauricio Runno

 

 

PERDER LA CABEZA

 

Entonces comprendió san Saturnino que aquella proverbial elocuencia suya, aquel poder de persuasión, desencadenaría a partir de ese momento el que muchas más personas de las que se pudiera imaginar en un principio perdieran la cabeza por contagio, empezando por el santo Fermín, cuyo sacrificio regaría de pasión, de acaloramiento y de sangre los festivos pañuelos de Pamplona, que ya para siempre cada 7 de julio se agitarían llenos de júbilo y ebrios de esperanza, conjurándose contra el gélido mutismo de la muerte y su hálito denso que, por unos días, espera agazapado e impaciente a las puertas de la ciudad hasta que los latidos de los pañuelos dejen de acariciar las gargantas mismas de los sueños.

 

ENRIQUE ORTIZ AGUIRRE

 

 



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MICRORRELATOS PRESENTADOS EN LA V EDICIÓN DEL CERTAMEN

31 de agosto de 2013 por rajauta

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CORRIDA PACTADA

 

─¡Torero en hombros; toro indultado! ─corría el rumor a la salida de la plaza─.¡Increíble!

 

Pedro Nel Niño Mogollón

 

 

OTRO PAÑUELO

 

Pobre de mí, me digo mientras miro mi reloj. Son las doce en punto y me imagino el gentío que habrá en este momento en la Plaza del Ayuntamiento. Este año, desde el chupinazo, he seguido los encierros y las fiestas por televisión, y no es lo mismo. Además, es la primera vez que mi hijo es vapuleado por los kilikis y sólo lo he podido ver en fotos. Mi madre me trajo mi pañuelo rojo, el de San Fermín, a juego con aquel que desde hace unas semanas me cubre la cabeza. Sé que soy joven, y pese a mi enfermedad, fuerte como un toro. Ahora que ha terminado esta semana tan especial para mí y para toda la ciudad, habrá que seguir con la rutina. Supongo que en unos días mi cuerpo volverá también a la normalidad tras este duro tratamiento y volveré a casa. En fin, ya queda menos.

 

María Gómez Gavira

 

 

La canción del venado, o no.

 

Disgusto, la quería de corazón y alma. Tenía costumbre de ella, voz, risa, belleza y juventud perfecta, ella era perfecta. No soy guapo, nací en esta tierra hacia el sur pero mi piel negra indica otra cosa, quizá sea eso, quién sabe, dicen que las mujeres son volubles, quién sabe. Destrozado, mi capacidad de amar se ha tornado rabia hacia ellos, mis competidores tan listos, tan informados que enrollan su diario, malditos… Con los iguales he unido mi angustia, estoy entre amigos, hemos vivido lo mismo, o parece. Nuestra rabia y lo otro nos ha crecido, que grandes y pesados. Verano, mala época, florecen amor y angustia, este es el segundo sin ella, la reuniones de amigos se vuelven frecuentes. Nunca recuerdo la importante, nada ni nadie falta, están todos, amigos y ellos. Recurro siempre para no olvidar a una canción, que tarareada, sugiere la fecha en el calendario. Es hoy. Madrugada, duermen, los listos se divierten y anudan pañuelos al cuello. Al despuntar el sol y a la ocho, que se preparen, iré por ellos. No sé sí soy así u otro animal, carezco de espejo pero tengo consciencia de mi cornamenta, cómo pesa, muuuuuuuu. Vaca, te echo de menos. San Fermín, viva.

 

julio martínez rodríguez

 

 

UN TORO NOBLE

 

Era un toro astifino, berrendo en negro, cuyo nombre y el de su ganadería, no tuve la curiosidad de indagar. Yo me encontraba con mi cuadrilla, como todos los años, en la calle Estafeta, esperando ese momento mágico y único en que tendría que valerme de mis piernas para sortear el peligro de toros y mozos y demostrarme a mí mismo que todavía conservaba la juventud y el arrojo de sanfermines pasados… En un momento, que pudo resultar trágico, no fui capaz de evitar la pequeña montonera que se formó en mi camino y quedé tumbado panza arriba deslumbrado por el sol mañanero que se ocultó fugazmente cuando una cabeza blanca y negra se interpuso en la trayectoria de sus rayos. Recuerdo su mirada bondadosa y el noble ademán de la testa deslizando su pala izquierda por mi pecho. Después continúo alegre el recorrido, ignorante de la suerte que le esperaba aquella tarde. Roja la camisa por el varetazo, me curaron el rasguño en poco tiempo. Mucho más tardé en recuperarme del susto y de olvidar aquella mirada de astado noble. En la corrida, unas lágrimas nublaron mi vista cuando el morlaco, tras certera estocada, cayó herido de muerte. ¡Cómo hubiera deseado su indulto!

 

Carlos Malillos Rodríguez

 

 



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