El Blog de los Sanfermines — Tus cinco minutos de San Fermín al día

VI Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

18 de septiembre de 2014 por Certamen Microrrelatos San Fermín

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HISTORIAS DE MI PADRE.

Melisa Lucia Pérez Badel

Me contó mi padre que en la península ibérica, un reino noble y orgulloso de su estirpe, celebra cada Julio sus fiestas en honor a San Fermín. Con infinita paciencia esperan el resonar de un cohete capaz de estremecer el alma de quien lo escucha y sonrisas a flor de piel recorren la ciudad sobre ríos pintados de rojo y blanco. Me relató, que el alba es seducida por la gallardía de las Dianas, mientras los más valientes con periódico en mano piden protección al santo para los 825 vertiginosos metros de carrera junto a los astados y que en las tardes hombre y toro se dan cita en la arena para luchar en franca lid.
Habló de gigantes que danzan hipnotizando a grandes y chicos, de noches engalanadas bajo una lluvia de colores y explosiones que retumban por doquier. Un huracán de emociones que acaba a la luz de las velas y con un “pobre de mí”, no sin el consuelo de iniciar otra cuenta atrás. Llegué a pensar que eran leyendas, historias de mi viejo soñador, hasta que un verano desde lejanas tierras a Pamplona viajé; descubrí que sus relatos cortos se habían quedado pues los Sanfermines hoy mi alma han cautivado.

METÁFORA

Ana Lozano Cantó

Lo tenía frente a mí: grande, bravo, temible. Me subyugaron los ojos negros como pozos en los que por un segundo vislumbré mi imagen. Bastó apenas un breve movimiento de la testuz para intuir la violencia de los cuernos afilados. Presa del pánico, corrí y corrí hasta lograr zafarme de su ira.

Después la victoria; las gracias al Santo; la celebración con tapas y chacolí. Lo mejor de todo, la camaradería.

Cuando llegó la calma comprobé que aquella carrera había sido una premonición. Mi verdadero toro era la inercia, el abandono, el creerme un fracasado, el asimilar como cierta la baja autoestima, donde la crisis se empeñaba en colocarme. Me había alcanzado de lleno una embestida feroz. Un día comprendí que igual que me había entrenado para el encierro, así debía esforzarme para vencer a la desesperanza.

REFLEJO

Nazaret Martínez Ramos

El reflejo del espejo, vestida de blanco limpio y el rojo eterno.
El reflejo de una ventana, que el cohete de las 12 hace temblar y provoca el vértigo.
El reflejo de un sinfín de ojos, que atentos esperan unos días inciertos.
El reflejo de una ciudad que se transforma, de su pueblo que el himno entona, de los viajeros que hacen de la Estafeta su zona.
Un reflejo sincero, de aquellos que lloran y ríen al mismo tiempo. Porque estas fiestas son distintas, intenso ambiente y sentimiento.
Es el desfile de los que orgullosos llamamos “nuestro”. Desde los valientes inquietos que corren las calles al comienzo del día, hasta los que llenan la plaza, donde 6 toros esperan una muerte digna.
Suma el efecto de la noche, la música de los conciertos, el bocata viendo los fuegos y las peñas que animan el cuerpo.
Brindo por esos momentos. En el vaso, el reflejo de mi gente y del santico, que tanto respeto. ¡Fiel, me guía desde el comienzo!
Ay, “pobre de mí” que vuelvo a casa de nuevo. Y en el reflejo del espejo, el blanco ya no es tan limpio pero el rojo, en el corazón llevo.


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VI Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

17 de septiembre de 2014 por Certamen Microrrelatos San Fermín

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LA OBRA DE ARTE

Alberto De Frutos Dávalos

Mi padre corrió los Sanfermines hace dos años. Voló como un misil horizontal y ciego por las calles de Pamplona y los mozos disfrutaron de lo lindo. No hubo carrera más pulcra ese verano.
Un holograma rojo y negro, multiforme y grande, lo citaba a cada paso; pero mi padre iba a lo suyo, quemando los tramos de Santo Domingo, el Ayuntamiento y la curva de Mercaderes, Estafeta y Telefónica, y el callejón de los montones. Como si llevara el Diablo en el cuerpo, aunque eran ángeles los que lo empujaban.
Antes de partir esa mañana, mi padre me dijo unas palabras que no olvidaré nunca: “Corre, hijo, corre hacia los chiqueros de la plaza, y no te distraigas nunca con los mozos. Ellos son los artistas, pero tú, hijo, tú eres la obra de arte”.
-A San Fermín pedimos…
Ya los oigo, padre. Los oigo y los siento. Prometo no defraudarte.

NOSTALGIA PAMPLONICA

Rubén Rojas Yedra

Esa mañana el profe llegó triste a clase. Nosotros estábamos de pie, tirándonos papeles, y no se enfadó. Cuando vimos su cara larga nos dio un poco de pena y nos sentamos. Fue a la pizarra y, como cada día, puso arriba la fecha: «6 de julio». Nos prometió que no iba a mandar ejercicios ni nada, pero que teníamos que hacer una cosa para que se animara. Cogió la tiza y escribió: «TORO», «ENCIERRO», «TXUPINAZO», «GIGANTES» y «SAN FERMÍN». Quería que escribiéramos un cuento con esas palabras. Muchos niños se rieron; yo no. Nos dijo el profe que San Fermín era una fiesta muy importante en Pamplona, donde él nació, tan bonita como aquí la feria o el Rocío. Explicó que unos mozos corrían por las calles delante de los toros para que no les pillaran con los pitones. A Elenita le dio miedo. La gente bebía kalimotxo y no rebujito y se ponían pañuelos rojos al cuello. Habló de los cabezudos y de los kilikis, mis favoritos. Los zaldikos eran caballos de cartón piedra. A todos nos gustó y sacamos los cuadernos. Ya estábamos escribiendo cuando el profe, muy animado, se subió a su mesa y gritó: «Pamploneses, pamplonesas, ¡gora San Fermín!».

CORRE, INSENSATO

Luis López-cano Aguado

Siempre he gozado de la reputación de ser considerado casi un mago por mis amigos. Mi vida ha sido casi un milagro continuo desde hace ya más de mil quinientos años. Entré a la escuela de magia viejo, y salí rejuvenecido y con el ánimo presto a echarme a los caminos. Me encanta dormir arropado por el bosque y con la sábana de las estrellas echada sobre la cara. Me considero un romántico… Creo, incluso, que fui el primer romántico, antes siquiera de que existiera el romanticismo mismo…

– Machooo, cállate ya. Que están a punto de salir – me espeta Alfredito, mi fiel escudero de siempre – Se te fue la mano con el vino ayer, ¿eh?

De repente, un rumor creciente va haciendo temblar el suelo. Alfredito me abandona y marcha hacia delante despavorido… Sin duda, deben ser orcos o cualquier otra horda de seres con intenciones nada amistosas. Ya los veo, me parece, con las espadas en ristre y los arcos desgreñados; y casi cuando los tengo encima, una voz recia me devuelve a la realidad:

– ¿Pero qué haces insensato? Que estás en los sanfermines…¡corre!


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VI Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

16 de septiembre de 2014 por Certamen Microrrelatos San Fermín

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LA ESCALERA

Aída Riancho López

1. Mi corazón palpita al son de la plaza. Miles de gritos y cánticos resuenan en los adoquines y en las paredes del majestuoso edificio. El color rojo inunda el cielo por encima de nuestras cabezas. Una explosión anuda en nuestro cuello el rojo, mientras todo es canto, grito, risa.

2. Enormes cabezas se alzan ante mí, cientos de niños se arremolinan a sus pies y cuelgan los chupetes que utilizaban cuando eran txikis. Gigantes estructuras giran y giran en una danza que parece no tener fin.

3. La noche ruge colores y un corazón se refleja en su iris. Extasiada, mira hacia arriba, absorta en el sinfín de figuras que engalanan el cielo.

4. La mañana se despierta con un gélido aliento a la espalda. Piernas agarrotadas codos como dagas. La manada recorre las calles. El capotico evita la tragedia.

5. La figura del santo se mece por las calles. La multitud se agolpa, las jotas retumban por doquier.

6. Velas encendidas en lo alto de nuestras cabezas, un solo pensamiento inunda nuestras mentes: Esto termina, pobre de mí. Una lagrimilla resbala por la mejilla mientras el rojo se esconde.

7 de julio: ¡San Fermín!

LA MAGIA DE SAN FERMÍN

Mayte Guardabrazos Vaz-romero

Te miré y me miraste, pero no nos llegábamos a ver con claridad entre tanta gente. Me acerqué y te acercaste, pero una llegada masiva de gente, pañuelico en mano, nos cortó el camino. No podía creer lo que veían mis ojos. No podía creer que en ese mismo instante, 6 de Julio a las 11:45 de la mañana, pudiese haberte encontrado. Después de haberte buscado por Pamplona durante años, sin éxito, por fin te había encontrado. Eras tú.

Los cánticos se esfumaron y parecía que tuvieras una luz indicándome el camino. Tras 10 minutos moviéndonos como las olas en el mar, conseguí llegar hasta ti.
Por fin, ahí estábamos frente a frente, tú y yo, sin poder decir palabra. La plaza del Ayuntamiento se hizo minúscula y sólo podía verte a ti.

De repente, se alzaron todos los pañuelos rojos y yo, ahí, en medio de la multitud, incapaz de moverme. “¡Pamploneses, pamplonesas!”- y yo seguía inmóvil. ¡PUM!, un cohete estalló. En ese segundo, entre esa alegría, esos saltos, esos gritos de ¡Viva San Fermín!¡Gora San Fermín!… me abalancé sobre ti feliz, muy feliz.

Te miré y me miraste, y eras tú, mi desaparecida hermana gemela. Ahí comprendí la magia de San Fermín.

DESPERTARES

Javier Vegas Fernandez

Era de día cuando arrancamos en un coche sin luces. La noche había terminado. Salían nietos y abuelos vestidos de un blanco inmaculado solo salpicado por el rojo de fajas y pañuelos. Padres y madres dormían rotos y no necesariamente juntos.

El coche arrancó y empezó a moverse dejando un sonar de piñones que rascaban.

– ¿Vas bien?
– Si, si, no os preocupéis, que yo controlo.

El asiento de atrás del panda no era un sofá del Ritz, pero a mi me lo parecía. Su pelo sucio tras una noche de sudores y cavas varios a mi me parecía una melena pantenne. Me caía de sueño, pero aguanté. Ella quería recostarse en algo y ahí estaba yo. Pasé una mano por su hombro. Hacía unas horas le había abrazado. Vale, era un pasodoble mal bailado, pero sentí su piel, y además también me abrazó ella cuando pasaron toros y mansos.

El coche dio un bandazo.

– ¿Pero vas bien?
– Que si tío que si, tú tranqui, cuando estemos llegando os despierto.

Abrí un ojo. Sobre una bata verde clara unos ojos me miraban. Por mi oreja entró una voz que decía: está saliendo del coma, a ver quien se lo dice ahora…


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VI Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

15 de septiembre de 2014 por Certamen Microrrelatos San Fermín

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UNA EMOCIÓN GIGANTE

Esther Imízcoz Campos

No ha abierto la boca desde que hemos salido de casa, parece como si ella misma se diera cuenta de lo importante que es el día de hoy. No para de retorcer inquieta el nudo de su pañuelo, el que la abuela le bordó con el Santo y que hoy luce en el cuello por primera vez. Pero más nerviosos todavía estamos sus padres, intercambiando miradas impacientes conforme los txistus y las gaitas comienzan a oírse en la lejanía. Ya empieza a haber tumulto, ella se aferra más fuerte a mi mano. De pronto los ve. Ocho enormes gigantes que giran al son de la música, arropados por la ciudad entera que los acompaña. Sonriente y con los ojos como platos, los ve pasar a su lado y tira de mí para seguirlos. Pero entonces, cuando más la siento disfrutar, se interpone en nuestro camino Caravinagre, verga en mano, y con un rápido gesto de muñeca le golpea en la cabeza. Contengo la respiración. Ha llegado el temido momento. Ella se queda boquiabierta durante unos instantes que parecen horas. Y de pronto, y sin saber por qué, rompe a reír con una carcajada inmensa y contagiosa. Y yo me siento el hombre más feliz.

LA PROFECÍA FAMILIAR Y SAN FERMÍN

Javier De Miguel Puertas

Llegó el verano de mis 18 años; significa que me esperan mis primeros Sanfermines. Vamos para Pamplona Mario, Javier, Maialen y yo. Esperamos unas fiestas de desenfreno, kalimotxos, bailoteos, risas y algún rollete sanferminero… Yo, además, seguir las txarangas de las peñas, conocer los bares de Jarauta, o deambular, vestido de blanco y rojo, por las calles del casco viejo. Pero sobre todo, quiero comprobar la autenticidad de La Profecía de la Familia Ibáñez.

La Profecía cuenta que, desde hace 3 generaciones, los integrantes de mi familia encuentran el AMOR en sus primeros Sanfermines. Todos lo definen como un Amor verdadero, incondicional, que dura toda la vida. Aunque nunca me han dado demasiados detalles de cómo lo hallaron.

……

Definitivamente, los Sanfermines son increíbles, espectaculares: el ambiente festivo te envuelven desde el principio, reina un ambiente único y especial y se disfruta de cada momento, ya sea viviendo un concierto en Los Fueros, siguiendo a La Pamplonesa, viendo los fuegos o bailando por las calles de Iruña.

De repente, siento una punzada de tristeza, pero no es por no haber descubierto el amor, sino precisamente por haberlo encontrado… quedan 357 días para reencontrarme, de nuevo, con él.

¡Viva San Fermín, Gora San Fermín!

SOLEDAD

Antonio Fuente Arroyo

Sus cansados ojos han comenzado a nublarse y dos regueros acuosos fluyen sin remedio.
“Es la jota de tu Navarra la que hoy te reza …”
Por primera vez acude sola a la Plaza del Consejo desde que sus viejos recuerdos se lo permiten. Su devoción a San Fermín es sagrada. El año pasado con su marido, pero él ya no está…
“Es la jota de tu Navarra Fermín bendito la que hoy te reza la que hoy te ensalza…”
-Mamá este año tampoco podremos ir. Ya sabes, el trabajo, los chicos en paro…- se había excusado su hijo por teléfono.
” La que hoy te canta…” Menos mal que la jota al santo la ayuda a sobrellevar el peso de sentirse sola entre tanta gente.
Lentamente retorna al barrio.
– Abuela ¿pero dónde estabas?- le pregunta el nieto recién llegado del Erasmus con varios compañeros extranjeros tras el beso de bienvenida- No sabíamos dónde te habías metido. Hemos venido a Pamplona a pasar los sanfermines y estar unos días contigo. ¿podemos quedarnos en tu casa?
– Pues claro, hijos- se le iluminan los ojos- Venga pasad, que las fiestas empezaron ayer y tenéis que disfrutar.-Está contenta, por unos días ahuyentará la soledad.


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VI Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

12 de septiembre de 2014 por Certamen Microrrelatos San Fermín

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NACÍ EN VALENCIA PERO MORIRÉ EN PAMPLONA.

Lucas Irisarri Saldise

Nací en Valencia pero moriré en Pamplona.

No tengo nombre y mi corta vida pasaría desapercibida si no fuera por que cuando llegue a su fin seré el centro de atención del mundo. Paradojas de la vida.

Vivo a buen recaudo entre algodones y siempre a ras de suelo, pero no amigos, ese no es mi estilo, a mí lo que me gusta es volar, subir tan alto como pueda y reventar tan fuerte como sea posible, que lo oiga todo el mundo aunque me cueste la vida.

Todavía no me han puesto el palo pero se de buena fe que será el más flexible y derecho de todos. ¿Y mi mecha? qué os voy a contar de mi mecha; sin duda será la que más y mejor arda, no tengo ninguna duda. Voy a hacer un ruido que no veas. Preparaos.

Mis hermanos se pegan una buena vidorra, parecida a la mía. También dejaran este mundo rodeados de cierta gloria, pero no, que no se engañen, no me llegan a la altura del betún.

Nací en Valencia pero moriré en Pamplona.

Casi nada.

FERMIN

Unai Jayo Urrejola

Suena el despertador, es todavía de madrugada, ¿quién me mandaría a mí quedar a estas horas? Me levanto aún sin despertarme del todo, desayuno rápido mientras me visto y corro a la calle.
Allí está Jaime, menos mal que no me hace esperar porque a estas horas eso me sentaría fatal.
Nos apresuramos calle abajo encontrándonos gente a cada giro, parece mentira pero salen por todos los rincones uniéndose a la marea hasta juntarnos con una marabunta de gente, ¡esto es increíble!, pienso, intentando no perder de vista a mi compañero. Vemos gente correr, saltar, se siente el ambiente, la adrenalina del acontecimiento. Nosotros procuramos mantenernos unidos, aunque solo sea con la mirada. Finalmente llegamos entre empujones, alguna que otra mala mirada y una marea de calor humano imposible de asimilar por el frescor de la noche. ¡Sí!, esta vez sí, hemos conseguido un sitio para poder ver el encierro, y eso que es 7 de julio y sábado. Ahora solo nos queda disfrutar de esos momentos de emoción por los que merecen la pena esperar tres horas curándonos de lo sufrido, si señor, porque éste es mi santo.

ISÓSCELES ESCARLATA

Mertxe Labrador Otamendi

Amanecer de 6 de julio. Vuelvo a resurgir de mi letargo. 355 días dormitando entre atuendos albos y rojos que, como yo, ansían con jolgorio este despertar. Una estuosa suela de aluminio me atusa, de arriba hacia abajo, con vaporoso mimo, al tarareo de…” una fiesta sin igual… RIAU, RIAU”. Y al consumar ese isócrono danzar, la ternura de unas artríticas manos me repliega en un perfecto isósceles. Presto me hallo para acudir a un lugar, donde la esencia a perfume se abigarra con el descorche del cava, y el blanco níveo y rojo pasión tiñen su adoquinado gris.
Escucho a una pueril voz que reclama… “Corre, venga, sácalo ya… son las doce menos diez”. Cuidadosamente, unas trémulas manos me rescatan del fondo de un bolso.
Cruce de miradas entre la mujer septuagenaria y el San Fermín bordado en mi escarlata piel. El carmín de sus labios se derrite con el dorado del santo en un enternecedor beso.
Son las 12. Sus manos me alzan y me despliegan en un impecable isósceles escarlata junto a un quejumbroso: ¡VIVA SAN FERMÍN!, fusionándose con el bullicio que resuena bajo el balcón.
Delicadamente me anuda a su fragante cuello para 9 días y 8 noches.


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