El Blog de los Sanfermines — Tus cinco minutos de San Fermín al día

Encierro, 13 de julio de 2006, segundos antes

26 de febrero de 2013 por festix

 3 comentarios

encierro-callejon-03

En el anterior post veíamos a los toros de Fuente Ymbro en la parte final del callejón accediendo al ruedo de la plaza de toros , pero instantes antes, en la misma puerta de acceso al callejón, uno de los toros se había encargado de bajarle los pantalones al corredor de la imagen (foto de Jim Hollander / EFE), que por suerte, únicamente se quedó en un susto y no recibió cornada.

Tal y como se aprecia en la imagen todavía tiene tensas las piernas en las que se adivina algo de la fuerza ejercida por el morlaco en los pantalones, a la vez que el corredor se aferra con firmeza al periódico con el que ha corrido y mientras el corredor de debajo está todavía en postura defensiva, ante la cercanía del bicho.

Que un toro se encargue de bajarte los pantalones con uno de sus cuernos no es un trago agradable, aún cuando todo se quede en un aviso.



 3 comentarios




 

De las cosas del vestir

25 de febrero de 2013 por estafetakoa

 5 comentarios

Dice la leyenda que eso de vestirnos de blanco por fiestas viene de los carniceros de Santo Domingo, que interrumpían sus labores en el mercado para correr el encierro en traje de faena y reincorporarse a continuación a su trabajo.

Dice.

En fotos antiguas de primeros del siglo XX, se ve a los mozos de la Peña La Veleta, una de las primeras que surgieron en la ciudad, vestir así.

Los trajes de nuestros dantzaris se inspiran en los trajes de fiesta de muchas localidades navarras, sobre todo del norte de nuestro territorio.

Los orígenes de esta costumbre en el vestir son, por tanto, difusos.

Pero de lo que nadie duda es de que dotan a las fiestas de San Fermín de una peculiaridad, la de hacer a todas las personas iguales y anónimas, peculiaridad que es precisamente la que hace magnífica a esa semana larga de principios de julio en Pamplona-Iruñea.

Así que no sé qué cojones hace toda esa panda de mamarrachos que cada mañana pretende correr el encierro luciendo más colores que un desfile de Ágata Ruiz de la Prada.

Por mí, como si os vais todos a la puerta del circo, a haceros fotos y a que os saquen en la tele.


, ,

 5 comentarios




 

De abuelos a nietos, pasando por los padres

22 de febrero de 2013 por Toko-Toko

 6 comentarios

Es verdad que durante mucho tiempo, la gente se ha creído que lo de entrar en la Comparsa era un tema taboo, o simplemente que eran listas cerradas e incluso que solo podían ser listas masculinas. Pero eso no ha sido nunca así, y sirva de comentario el afirmar que en este momento en la Comparsa hay una chica, aparte de las Txistularis que acompañan a la Braulia, que también son parte del grupo de la Comparsa, y que aunque haya lista de espera, la gente sigue apuntándose cada vez que las abren.

Evidentemente, y por las circunstancias, siempre ha habido tradiciones que han ido pasando de padres a hijos, e incluso luego han ido pasando por más generaciones, pero siempre cumpliendo un, digamos, estricto orden de lista. Hasta el año pasado, vivían 3 generaciones de una misma familia, y como tal se les entrevistó en el año del 150 aniversario. Otra cosa distinta es, que una vez que uno esta suplente, deje pasar el turno a otro para ocupar el puesto que le toque, por querer esperar a tener una cierta preferencia sobre lo que llevar y pasar a la condición de fijo.

Para muchos padres, es un honor y un orgullo el que su hijo quiera seguir con la tradición, ya que en la gran mayoría de los casos, cuando uno es pequeño puede llegar a aborrecernos de tantas y tantas veces que lo han traído sus padres a acompañarnos (ensayos, salidas, etc….). Otros pocos, sin embargo no han bajado los brazos, y han conseguido sus objetivos. En el caso de las personas encargadas de moverme, ha habido quienes da la casualidad, que han estado en activo bailando con el padre de la persona que ahora baila como pareja suya, y llegas a ver y valorar las grandes diferencias o similitudes entre ambos, llegando a parecer incluso, que el hijo haya estado en actos de hace 30 años, en el que su padre era un jovenzuelo calcado a como ahora es su hijo.

En fin, que vaya rollo que creo que os metido, al tratar de dar la explicación a ciertos temas que oímos cuando salimos a la calle, y que creía estar en el derecho de poder llegar a aclararlas, ya que luego todo se convierten en malos entendidos, y crean confusiones innecesarias al respecto.

Aprovecharé la ocasión para comentar que en la actualidad ninguno de los que me lleva han cumplido con esa tradición, pero no quiere decir que no vayan a crearla, ya que al menos ya van generando cantera, y conociéndolos, vendrán pisando fuerte.

Aprovecho desde aquí para felicitarle a una persona muy muy especial, que no es otro que “Peter”, como cariñosamente le apodan en su familia, y que aunque él no ha sido miembro de la Comparsa, ha sabido trasmitirle a sus hijos el sentimiento por estas fiestas, unas fiestas sin igual. Zorionak, Peter!!!

 

Un saludo,

Toko-Toko


,

 6 comentarios




 

El inesperado encierro de Joaquín y los colegas sudafricanos de su hermana

21 de febrero de 2013 por sanferman

 4 comentarios

Las últimas 24 horas de Joaquín habían sido de órdago. Tras la paliza de cuatro días de intensa faena de cosecha en su Oricin natal, a duras penas había accedido a juntarse con la cuadrilla de la Valdorba a comer en el Txoko Pelotazale como cada 6 de julio. Pero una vez allí, como cada 6 de julio, lo dio todo. Y ahí estaba, 8 de la mañana del día 7, al inicio de la cuesta de Santo Domingo, hecho un pincel tras haber pasado por casa de su tía a darse una ducha y cambiarse de ropa, explicando en su rudimentario inglés a dos colegas sudafricanos de su hermana cómo debían correr el encierro. Les había detallado los pormenores del recorrido, pero era consciente de que ambos estarían pendientes de lo que él hiciera. Agarró sus manos en señal de confianza, y les pidió que trataran de no separarse en la carrera.

La tensión crecía cuando de pronto, por encima de la capilla del Museo de Navarra explotó el cohete que anunciaba la salida de los toros. Ya no había tiempo para componendas. Tocaba correr. Y a fe que lo que sucedió en los minutos siguientes quedó grabado para siempre en las retinas de cuantos vivieron ese encierro.

Para empezar, de los corrales salieron seis bichos que más parecían los patos de Martiko que los toro-toro que se gastaban en la ciudad. Rápidamente nuestros protagonistas se vieron con los bureles encima, y esprintaron para toparse de forma inesperada con la curva a izquierdas de Mercaderes-Estafeta. Tras doblarla, reapareció ante ellos la cuesta de Santo Domingo, y las decepcionantes vaquillas zaínas tornaron por momentos a auténticos morlacos de lomo rojizo. Los colegas, desconcertados, insultaban a Joaquín, que no paraba de correr presa del pánico.

Por fin ganaron el espacio abierto de la plaza del Ayuntamiento, e insólitamente se mantuvieron por delante de la manada en Mercaderes. Los mugidos de los toros más bien parecían resoplidos de elefante. Ahí, Stefan no pudo más y se subió al vallado de la derecha, mientras que Joaquín se salía del morro de los de nuevo venidos a menos Victorinos y se aupaba al madero en el que por primera vez en muchos años no esperaba Miguel Reta el paso de la manada. Desde ahí pudo ver la caída de Stuart en plena curva, esta vez sí a derechas, que tras un espléndido sempo kaiten ukemi quedó enfrentado a la manada y la pudo sortear gracias a que en el sitio que tradicionalmente ocupaba Cepor no había nadie.

Se hicieron unos momentos de silencio, de calma tensa, para poder tragar algo de saliva, y mirar al hijoputa de Joaquín, que les había explicado mal las cosas. Éste, a su vez, trataba de comprender qué cojones estaba pasando. Pero por poco tiempo, porque para su asombro, una segunda manada enfilaba Mercaderes desde el Ayuntamiento. Venía con espacios, y Joaquín no se lo pensó dos veces. Saltó decidido del vallado, y arrancó Estafeta arriba. Al verle, Stefan y Stuart le siguieron. Se vieron entonces bellísimas carreras, sin apreturas, rodeados de acreditados divinos que al parecer habían dejado pasar al primer grupo de cornúpetas para correr ante este segundo, con huecos, sin agobios.

Y en esas estaban cuando por arte de birlibirloque se reincorporaron a la calle Estafeta desde la bajada de Javier. Ah, pero, ¿la habían abandonado en algún momento? Pues así era. En un alarde de teletransportación colectiva, o en una paradoja espacio-temporal aún no descifrada, el caso es que nuestros amigos volvían a entrar a la Estafeta, ¡pero para correrla hacia abajo!

No eran momentos de pedir explicaciones, ni de consultar nada. Había que seguir corriendo. ¿Qué más podía pasar? ¿Qué más podía ir mal? Pues efectivamente, mientras la tresena desandaba lo andado (o mejor dicho, descorría lo corrido), una tercera manada, con ejemplares de infarto, doblaba la curva de Mercaderes a velocidad de crucero en dirección a ellos.

Ellos, que habían pillado astas, bueno, perdón, astas astas no porque ya sabemos que las astas están reservadas a un puñado de célebres corredores mediáticos, pero casi, la estaban gozando, por fin, mientras por la megafonía leían el bando municipal en arameo. Pero sus caras de disfrute fueron dejando paso a un rictus de sorpresa y comenzaron a gritar al ver lo que se les venía encima por delante.

La carnicería debió ser espeluznante, desde luego digna de haberse levantado de la cama para ver la retransmisión en directo. Sin embargo, no queda constancia documental. De todo lo demás sí, y la añado a este post, puesto que alguno estaréis ya pensando que se me ha ido la pinza definitivamente. Así fue, y así lo hemos contado.

 


, , ,

 4 comentarios




 

Capítulo -V

20 de febrero de 2013 por D.Gato

 3 comentarios

11:00 AM Diez de Julio, patio de caballos de la plaza de toros.

El multitudinario desfile de pamploneses y no oriundos de impoluto blanco, aderezado con implacables guantazos de perfume que parecían luchar contra el aroma inconfundible de la cuadra de caballos, otorgaban un aire sereno y un  resplandor especial. Todos ellos, bien dormidos y mejor peinados, se dirigían al proceloso ritual que se producía todas las mañanas en el apartado de la monumental.

No eran esas matutinas horas y menos ese recóndito lugar sitios frecuentados por nuestro héroe PAP., más a pesar suyo, sentía que su objetivo estaba oculto dentro del abarrotado elenco de políticuchos de tres al cuarto, artistas venidos a menos, famosillos de pacotilla, extranjeros con cartera engrasada, mayorales, aficionados taurinos, meros curiosos y familias acaudaladas cuyas hijas, sugerentes dentro de blancas blusas ceñidas, hacían pasar amenamente al personal el interminable rato de salón y besamanos en que se había convertido ese arcano ritual del sorteo y enchiqueramiento de los astados. Cornúpetas sí que había y bureles también.

Entre toda esta plebe, destacando por su altura y su melena rubia, una tremenda güiri con un caniche con pañuelo en brazos, a juego con su vestido rojo de tirantes. Ese vestido le sonaba de días anteriores, estaba casi seguro. La certeza es una quimera dentro de la vorágine sanferminera. El olvido, un fiel aliado de las mismas. También le sonaba su acompañante, éste tocado y vestido de una manera estrafalaria. Los dos parecían ensimismados, pareciendo no entender el sentido del ritual que estaba a punto de comenzar. PAP, en cambio, se batía en una enconada lucha cuerpo a codo por alcanzar la barra del bar. En ella, unos pinchos con forma de testículo, criadillas creyó escuchar, y unas chistorras, reclamaban la atención de los sedientos asistentes .El calor era atroz, como los precios de las consumiciones. Una familia entera podía subsistir una semana con el precio de una ronda, pensó nuestro protagonista.

Por la megafonía anunciaban no sin estridencia el inicio del acto. Los toros de Vicoriano del Río, procedentes de Madrid (de chulos y de p… esta así, musitó para sus adentros PAP) se movían inquietos por debajo de los asistentes. Estos, en un piso superior pero ridículamente cercano asentían y comentaban las características del comercial pero no por ello peligroso encierro. De gran porte, el primero, fue aplaudido a la vez que éste, no sin lanzar derrotes y miradas asesinas a todo quisqui presente, se introducía de manera inverosímil por una estrecha puerta.

Fue entonces cuando creyó verle entre la marabunta, justo en el lado opuesto en donde nuestro bigotudo protagonista daba cuenta de una cerveza. Estaba detrás de la pareja de guiris y el caniche patada. Hizo por ellos PAP, pero el lleno era total y el avanzar sin importunar a la gente, imposible. Lo que pasó a continuación transcurrió en un instante. En un abrir y cerrar de ojos, el caniche cayó acompañado de un griterío al pasillo donde en ese momento, el excelente ejemplar  que atendía al nombre de Cóndor, 580 Kg. de peso, proclamaba enfurecido que su presencia ahí era obligada. La baba que colgaba de su morro acentuaba dicha impresión.

Lanzó un tremendo derrote hacia el caniche. Gracias a su diminuto tamaño, pudo esquivar al burel. Se podía escuchar con nitidez el bufar del toro y el ladrido del caniche.  Dando unos pasos hacia atrás para coger perspectiva lanzó su segundo y feroz envite, enganchando al infeliz chiguagua por el pecho, empalándolo y estrellándolo contra la pared, dispusiéndose el bueno de cóndor a unirse al vermouth general, con  un jugoso y sabroso pincho perruno. La gente, espeluznada, se tapaba el rostro con las manos, esperando la cantada cornada. La güiri, por el contrario, no se movía ni exteriorizaba ningún gesto. Estaba petrificada.

Fue entonces cuando el mayoral, diestramente, cogió la vara electrificada en una mano y otra con un gancho en la otra, aplicándolas a ambas en sendos animales, con tan mala fortuna que la electrificada alcanzó al caniche y la otra el cuerno del animal. Electrizante apartado, rezarían al día siguiente los titulares. Un olor a pelo quemado quedo como mudo testigo del accidente, a la vez que los lomos del burel, con una marca a fuego de Y, desfilaban hacia los chiqueros. PAP, nuestro sorprendido personaje, decidió que añadiría esa letra a su cada día creciente nombre. PAPY, levantó la vista buscando al causante del incidente sin encontrarlo. Arqueando ligeramente el bigote, esbozando una sonrisa, pensó que a veces, sólo a veces, merece la pena madrugar.

 

(CONTINUARÁ…)



 3 comentarios