El Blog de los Sanfermines — Tus cinco minutos de San Fermín al día

VIII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

26 de agosto de 2016 por Certamen Microrrelatos San Fermín

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CAUTIVA

Maria Concepcion Ubeda Gil

Estuve varios años fuera de España. Cuando debí volver sin yo esperarlo -caprichos del destino- no reconocí la ciudad que me vio nacer. Debo aclarar que cuando me fui con mi familia, tenía sólo 10 años. Era la década de los cincuenta. Volver en los setenta ya con 30 años, fue como despertar en otra dimensión…¡Qué belleza de ciudad!. ¡Cómo había cambiado!. Nada tenía que ver con la que yo conocí o, al menos, con la que mi mente recordaba. Qué gentes tan alegres, tan graciosas, tan vivas. Claro que, acababan de lanzar el cohete anunciador de las Fiestas por excelencia. Fiestas únicas, sin duda alguna.

A la Ciudad que me acogió cuando me llevaron siendo una niña, la llamaban la Ciudad Eterna. Pero la Ciudad que redescubrí nada más pisar su suelo, era la Ciudad de la Alegría, de la Luz, de la Belleza. “Pamplona -me comentaron mis allegados- siempre es así. Pero en estos días, todo se eleva al máximo exponente”.

Y así fue, de tal manera, que ya nunca consiguieron que me marchara de aquí. Los Sanfermines subyugan… Y esta tierra noble, formada por gente valiente, acogedora y generosa, en estas fechas cautiva.

 

EXPLORADORES

José Otondo Arraztio

En el silencio infinito del espacio avanza una nave. Es enorme y llena de pasillos por los que caminan atropelladamente pequeños seres verdes.
En la sala de observación algunos miran las pantallas: … Planeta Tierra… Pamplona… 7 de julio 2016… y de pronto uno exclama: ¡Vean esos extraños animales que corren entre la gente! y no se les ocurre nada mejor que hacerlos correr por los pasillos de su nave.
Lanzan el tubo abductor y en segundos los tienen arriba.
Los toros, desconcertados, corren como locos corneando y atropellando a cuanto extraterrestre encuentran por delante.
El desastre es tan grande que el robot de emergencia central devuelve de inmediato en el tubo los toros a Pamplona.
Por lo rápido que pasa esto la gente en las calles no lo alcanza a notar. Y ahora, en ese silencio infinito del Espacio va de vuelta la nave con los pasillos llenos de los pequeños seres verdes tirados por aquí y por allá, todo magullados y estropeados cantando adoloridamente:
Pobre de mí,
pobre explorador,
quiero que me vea
urgente un doctor.
y continúan con entusiasmo:
Pero volveremos,
fue grande la emoción.
El año que viene,
nos irá mejor. 

MATEO,MIKELY SAN FERMIN

Joseba Koldo Monreal Zía

Mateo, era un niño de cinco años de edad, al que le gustaba Toko-toko, y la joxefamunda. Tenía un hermanito pequeño, llamado Mikel. Mateo, tenía un poco de envidia, por temor a que le invadieran su territorio Comanche.
Conforme se fueron acercando las fiestas de San Fermín, este les hizo tres regalos, que ya no olvidarían en toda su vida.
Los tres, les hicieron una ilusión: el gigante Toko-Toko, la Joxefamunda y la FE en sí mismos, en la familia, en la amistad y en el Santo San Fermín.
La noche del 5 al 6 de Julio, Mateo y Mikel estaban durmiendo y soñaron que San Fermín se les aparecía en sueños “Mateo, Mikel, prometerme una cosa, que cuando vuestra familia se enfade tendréis en la FE, de unir a todas y a todos, bajo la protección de la Capa de San Fermín.

El regalo más importante que tendremos, cada día de vida, que disfrutemos, será, la propia
vida, y el ver a los nuestros, disfrutar de cada rayo de sol, de cada anochecer, de
cada procesión del siete de Julio, y tener a nuestra familia siempre, siempre, en nuestro CORAZON. 


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VIII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

25 de agosto de 2016 por Certamen Microrrelatos San Fermín

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CABALLITOS

Miguel ángel Peñuelas Ayllón

Llevo el periódico enrollado y no puedo quitarme el runrún: “Entzun arren San Fermin”. Me invaden relámpagos de recuerdos, mis padres, lejos, callados del pasado. Ahora me toca agarrar estos piececitos del txiqui que me espolea el pecho, nervioso al ver acercarse los zaldikos. Entre risotadas me dice que nos arrean abuelo, que nos zurran con la vejiga. Cuidado le aviso, por allí se acercan Caravinagre y Berrugón; detrás, tiesos como faros, los reyes al son de gaiteros, chistularis y tamborreros. Una algarabía con restos de chocolatada en sus rostros corren como hormigas alrededor de los cabezudos.
Otras manos más tímidas se agarran a mi fajín. Es Ahmad abstraído por los caballitos de cartón, como si volviera a su Damasco; mas estos son caballos mitad hombres, mitad cartón, y los griteríos, aquí alegres, se mezclan en su cabecita con aquellos angustiosos en la noche mojados sobre la barcaza en mitad del Mediterráneo. Aprieta temeroso la mano a su hermana Aanisa que, hipnotizada por la reina, la persigue a pasitos cortos.
Bajo a Aitor, y entre el río de gente los cuatro navegamos por la Calle Estafeta. Es hora de comer en el albergue de acogida y la amama seguro que anda ya algo inquieta. 

RUIDOS

Gabriel González Ortiz

La mujer ciega del segundo piso se asomó a la Estafeta con el tercer cohete. Se notaba que era lunes, porque las zancadillas de los mozos destacaban sobre el espeso murmullo del miedo. ¡Buuun! Ya habían chocado contra la curva. La gran ola de gritos y cencerros se acercaba. La mujer apretó los ojos y no tardó en distinguirlo. Había desarrollado una increíble habilidad para detectar, entre todo el amasijo de ruidos, el fino tintineo de los dos anillos que colgaban del cuello de su hijo. Lo escuchó llegar por su oído derecho, y en nada ya se alejaba por el izquierdo. Los anillos chocaban cada vez más rápido, como agobiados. Había cogido toro. Enseguida bajaría la cadencia, se apartaría de la manada, volvería con churros. Pero esta vez los anillos desaparecieron del radar, engullidos por un repentino chillido coral. Ni rastro. Apretó más los ojos. Nada. Y estalló el silencio, como si toda la Estafeta, incluida ella misma, se hubiera sumergido bajo el agua. Solo escuchaba su corazón, pezuñas galopando contra el pecho.

Un cohete, la tele detrás, dos sirenas al fondo. La mujer resintonizó sus oídos. Un anillo rodaba por el adoquín mientras otro tamborileaba sobre una alcantarilla. Luego llamarían al timbre. 

LA FUERZA DE LOS SENTIMIENTOS

Isabel Garcia Viñao

Acciona el mando de la televisión con sus dedos torpes. Televisan el primer día de encierro y no quiere perderse ninguno. Ver las imágenes le acercaran sus años dorados; los años en los que él corría delante de los toros con los sentimientos encendidos, con la gallardía de sentir los cuernos del toro rozando su trasero, con la buena conciencia por el compañerismo en el caso de que un astado pusiese en peligro la vida de otro corredor, con la magia indescriptible de ver año tras año su sueños cumplidos ganando algunos segundos al tiempo en el recorrido…
Pero, ahora, sus pies se han negado a seguir caminando. Ahora, sus pies corren delante de los toros con las imágenes de los recuerdos. Ahora, sus pies reviven con la nostalgia, con una añoranza que lo llena de vida y de brío. Por ello, ahora, sus pies milagrosamente se han movido por la emoción.
Toc, toc, toc — Llaman a la puerta de su habitación.
—Adelante —Entra una enfermera del Hospital Virgen del Camino. No una enfermera cualquiera, sino la ATS más querida, su nieta.
—Hoy, abuelo, te anudo en el cuello este pañuelo rojo.
 


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VIII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

24 de agosto de 2016 por Certamen Microrrelatos San Fermín

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ASÍ ES LA FIESTA

Luis Enrique Solis Mendoza

Naturalmente, la noticia ocupó todos los titulares durante muchas semanas. Le hicieron documentales, entrevistas, anuncios… Incluso fue protagonista en El ministerio del tiempo. Pero la fama le duró poco. La vida del primer presidente sudamericano en España no era tan atractiva como el reciente descubrimiento de un hombre oculto en una grieta. Lo hallaron mientras se hacían las reformas de la Ciudadela, en Pamplona. Luego de recibir atención médica, fue dando respuestas a todas las interrogantes, aún las más descabelladas. Muchos se aliviaron al saber que no era un demonio o un extraterrestre, sino un joven de Vitoria que cayó en ese hueco durante los Sanfermines de 1953. El exceso de alcohol lo mantuvo dormido varios días, sin pedir ayuda. Por más de sesenta años se alimentó del agua filtrada y de los brotes que iban surgiendo. El escaso oxígeno y el nulo movimiento evitaron que envejeciera. Naturalmente, la noticia ocupó todos los titulares durante semanas. Le hicieron documentales, entrevistas, canciones… Incluso se encargó del chupinazo en los Sanfermines del 2018. Pero la fama le duró poco. En los almacenes del café Iruña, recientemente habían descubierto una novela de Hemingway escrita sobre etiquetas de pacharán.  

VALOR Y AL TORO

Belén Conde Durán

En medio del calor y del gentío, después de tantos años, inesperadamente, la vi.
Estaba sola e iba vestida de azul, pero llevaba un pañuelo rojo. No dejaba de mirar ansiosamente hacia la balconada, como si tuviera miedo de que el chupinazo la pillase por sorpresa.
Mi corazón comenzó a acelerarse conforme la escudriñaba, atrapado entre la admiración y la extrañeza. Ya no era de allí, eso lo sabía, pero si algo tenía claro es que no pensaba dejarla escapar otra vez.
El estruendo sobrevino, y todos comenzaron a vocear, ansiosos y alegres ante la fiesta que nos aguardaba. Y mientras invocaba atropelladamente a San Fermin y a San Saturnino, me hice paso entre la multitud y me encontré con su mirada, primero de sorpresa y luego de alegría.
Y pensé que hay cosas mucho más difíciles delante de las que correr.
 

EL REY

Juan Luis Amigot Semberoiz

7 de julio a las 18:30 en el reloj, comienza la feria taurina con su primera corrida.
Los sudores fríos del día anterior desaparecen conforme el maestro lidia el primer toro, la sombra aplaude molinetes y bernardinas mientras la pamplonesa deleita con su pasodoble “Aguero”.
Al mismo tiempo en la otra semicircunferencia de la plaza, donde el sol calienta las almas, el bullicio de la gente comienza a enfervorecer con las anécdotas del día anterior y la música de las txarangas.
Terminada la faena llega ese momento que no vives desde el 14 de julio de año pasado, sale el segundo toro por toriles mientras el bullicio de sol aguarda en silencio al momento donde las trompetas comienzan a entonar la canción del “El Rey”, la explosión de júbilo nace en ese bullicio, la gente se gira mirándonos y al unísono canta con nosotros “yo sé bien que …”, tu cuerpo suelta toda la adrenalina acumulada y ves como la música que tocas alegra a todo el gentío haciéndote a ti participe de ser un momento inolvidable suyas sensaciones jamás serán superadas.
Viva San Fermin!!!!
 


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VIII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

23 de agosto de 2016 por Certamen Microrrelatos San Fermín

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UN PAÑUELITO ROJO

Michelina Croteau

Es una mañana de Julio…irrumpo en el dormitorio de mi padre.
-Papá, despiértate, ya son las siete. Tenemos que ir a las fiestas de San Fermín.
-¿Ahora? Y ¿tú vienes conmigo? –contesta mi padre como si le estuviera hablando de algo nunca mencionado antes.
-Sí, papá, me lo prometiste que este año me llevas contigo.
-¿Y por qué tan de prisa? la fiesta empieza a las doce.
– Quisiera llegar en tiempo para asistir al lanzamiento del chupinazo…y pues el encierro.
– Pero, ¿no te das cuenta que todavía eres demasiado joven para correr delante de los toros? – papá me mofa.
-Papá, ¡no te burles de mí! Ya sabes que voy a verlo desde el balcón de los tíos.
– -Bueno…bueno, ya me voy…veo que nada te va parar –suspiró mi padre.
– Papá… de prisa ¡eh! si salimos después de las ocho vamos a encontrar tráfico.
Por fin, salimos y el tráfico no estaba mal.
-Me hiciste precipitar por nada. -Mi padre se lamenta -No hay nadie en las calles.
-Todo el mundo ya está en Pamplona. -le contesto, anudándome un pañuelito rojo al cuello…y cantando muy alegremente “Pobre de mí”.
 

ABNEGACIÓN

Santiago Felipe Benavides Santacruz

Esta mañana cuando miré el desprecio de una mariposa al azote de un niño, me he despertado de un largo cloroformo sueño. Llevando clavado, abnegadamente, un cuerno en mi costado. 

VIAJE A LA CIUDAD

Julio Lopez De Las Huertas Telleria

Un rayo de sol en mis ojos, problemas al respirar y tras una expulsión de mucosa comienza mi cometido.
Increíble paisaje que todos los días diviso durante mi infancia, cuidados hasta límites insospechados.
Pasa el tiempo con tranquilidad suma.
Por fin, un viaje a lo desconocido, agitación interior desmedida y aunque las condiciones del viaje no son las ideales, llego a mi destino.
Hospedaje para siete días, ducha en el exterior, buffet libre y todo lo necesario para una estancia relajada y confortable.
Tras un paseo al atardecer, acabo en una peculiar posada, la noche me sorprende y allí pernocto.
Al amanecer, un murmullo interrumpe mi sueño, el sol, escondido tras las murallas, se prepara para iluminar un nuevo día.
De repente, un ruido fuerte y seco me sobrecoge y al abrir la puerta de mi estancia, comienzo a correr desesperadamente entre gente asustada, a la que alcanzo y supero en mi afán por huir no sé de qué ni hacia dónde.
Al final de la huida, emoción contenida en lugar seguro, o eso creía yo, sin saber que horas más tarde ese será el escenario de mi final. 


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VIII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

22 de agosto de 2016 por Certamen Microrrelatos San Fermín

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1923 EN PAMPLONA

Isabel Lizarraga Vizcarra

El joven Esteban Domeño contempló divertido a ese otro mocetón alto y musculoso que se había situado a su lado para correr el encierro. Antes de que sonasen los clarines le había dicho con un insufrible acento americano que venía de París, pero aquello no tenía sentido.
–Con mi esposa Hadley –le había aclarado.
–¿De dónde? Con tu esposa ¿qué?
Pero el americano no tuvo tiempo de explicarle nada y tampoco se percató de que, preso del pánico, le hizo tropezar y Esteban cayó embestido por el morlaco, que lo dejó seco en el acto. Estos americanos nunca se enteran de nada, debió de pensar absurdamente el pamplonica en el instante final de su vida.
–¡Oh, my God! –exclamó el americano unas horas después–. ¡It is a real tragedy!
Tres años más tarde Ernest Hemingway todavía no era el hombrón alto y grueso cuyas barbas blancas imitarían hasta la saciedad sus muchos admiradores, pero recordó oportunamente el suceso en su primera novela de éxito, The Sun Also Rises.
–¿The Sun Also Rises? Mejor será: Fiesta –murmura desolado Esteban Domeño desde el mundo de los justos cuando los visitantes extranjeros invaden Pamplona en los Sanfermines–. ¡Estos americanos nunca se enteran de nada! 

TXIKI BATEN ISTORIOA

Ander Elcano Sanchez

Urtero bezala pintzelak eta margoak prest zeuden. Mahai gainean kartoiak eta paperak kolore eta irudimen zaparraden esperoan, betiko martxan, burua eta bihotzaren aginduen zain.

– San Ferminetan pentsatzerakoan, zer datorkizue burura? – galdetu zigun irakasleak.

Nire lagunak berehala hasi ziren marrazten eta margotzen. Ziztu bizian bakoitzaren 10 x 10 zentimetroko orri zuriak hitz gorriz eta marrazki beltzez bete egin ziren. Nik, aldiz, lasaitasunez hartu nuen. Erantzuteko galdera zaila egiten zitzaidan. Bueltak eta bueltak emanda ere nire burua lotan zirudien. Halako batean lagun batek erakutsi zidan bere marrazkia. Bai polita! Marra beltzak eta gorriak, alde batetik bestera, zentzurik gabekoa baina kolorez beteta!

– Zer da marrazki polit hori? – Galdetu nion.
– Zer izan behar da? Sanferminak!!!

Margo beltzak eta gorriak hartu nituen eta lanari ekin nion orain. Kilikien bihotz taupadak entzuten, su artifizialak ikusten ditudan begiei kasu egiten eta Iruñean ibiltzen eta ibiltzen egoteko indarrak erabiliz, margotzen hasi nintzen.
Bukatu ondoren marrazki guztiak bildu egin zituzten eta Collage izugarri polit bat egin zuten. Zoragarri geratu zen. Orain, nire amak esaten dit artista hutsa naizela eta Sanferminetan ni eta nire lagunak egindako marrazkiak kaletik ikusiko ditugula.

Artista izatea erraxa dela pentsatu nuen.
 

ME HA PILLADO EL TORO

Plácido Romero Sanjuán

Ha sido un año duro, sí, señor. Con mucho esfuerzo he conseguido pagar todas las letras de la hipoteca, los recibos, el seguro del coche, los impuestos municipales. Me he librado de los enfados de mi jefe, que incluso me ha llegado a poner como ejemplo delante de otros empleados. He mantenido contenta a mi mujer (y a mi suegra). En fin, he logrado llegar a otro San Fermín sin que me pillara el toro de la vida. Me creí invulnerable… Resulta irónico que ahora me arrolle un miura. 


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